
¿Estáis escuchando los latidos de vuestro corazón? Sí, ese sonido que no deja de retumbar en vuestras mentes está siendo por vuestro propio miedo. El pánico tanto de acudir hacia mí como de plantearos durante un solo instante, el dar media vuelta y morir.
Erráis bajo alambres y brotes arqueados que os conducen hasta mi umbral. Atravesáis un camino envuelto con espinas que os protege, evitando que el extenso jardín de vuestro alrededor termine por engulliros. Os mantenéis aislados en el sendero otoñal, rechazando el invierno que os avizora.
Ahora os preguntáis que os espera al otro lado. En mi edén, en mi mundo... Donde yo dejaré de ser imaginación, para vosotros volveros irreales. Un portal, latidos ahogados en el silencio, susurros que os acosan, miradas que os corroen. Sentimientos propagados por los sentidos, gritos devorados por la agonía, temores desflorados por el hielo. Miráis a un lado, al otro, miráis a... ¡NO! Atrás no, no debéis, no podéis. No si queréis seguir respirando.
Alzáis la vista al cielo, y por un instante, por uno solo, desviáis vuestra mirada hacia un misterioso cristal. ¿No es curioso reflejo, el que desprende, de dos hermosos ojos persiguiendoos?






